El autismo, un trastorno que merece más atención


Educar y educarnos sobre el tema es algo que nos corresponde a todos.


A lo largo de la historia de la humanidad se han descubierto enfermedades, trastornos y condiciones de salud que han pasado de ser algo completamente desconocido a prácticamente quedar erradicados.

Sin embargo, existen algunas condiciones de vida de las que la sociedad en general sabe poco y esto genera un rechazo e inhibe la adecuada atención de estos casos y terminan siendo tabúes. Por ejemplo las enfermedades mentales, ya sean trastornos psicológicos o condiciones genéticas.

Otro ejemplo, del cual hablaremos en las siguientes líneas, es el autismo. La Secretaría de Salud ha informado recientemente que el autismo no es una enfermedad, sino una condición de vida que requiere atención psiquiátrica y neuropediátrica, poniendo el tema en la conversación.

Según la Organización Mundial de la Salud, el Trastorno del espectro autista (TEA) es un término que se utiliza para abarcar diversas condiciones, incluyendo el autismo infantil, autismo atípico y el Síndrome de Asperger. Estos TEA son un grupo de afecciones caracterizadas por algún grado de alteración del comportamiento social, la comunicación y el lenguaje, y por un repertorio de intereses y actividades restringido, estereotipado y repetitivo.

Como suele suceder con la mayoría de las enfermedades, trastornos y condiciones, los niños con TEA tienen que lidiar con estigmatización y discriminación derivadas de la falta de información y educación sobre el tema, a pesar de que es una condición relativamente común, pues 1 de cada 160 infantes la presentan.

Por lo anterior, la OMS se encuentra realizando esfuerzos en muchos países para que esta condición sea abordada de una mejor manera, tanto médica como socialmente. Busca sobre todo que los entornos físicos, sociales y actitudinales sean más accesibles, inclusivos y compasivos. Algo que debe empezar en la familia.

Los padres y los pediatras tienen que ser muy receptivos a las señales que puedan indicar que el infante sufre de TEA -sobre todo si es niño, pues son más proclives a presentar estos cuadros-.

Unas de las principales señales son el retraso en el desarrollo del lenguaje, falta de interés social, patrones de juego o actividades no habituales al igual que patrones de comunicación no comunes.

Si esto se presenta, se debe acudir de inmediato con especialistas psiquiátricos infantiles –o adolescentes sí es el caso, aunque el TEA se presenta desde los primeros 5 años-.