El Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad el enemigo ignorado.



Pocos casos son diagnosticas, lo cual dificulta el tratamiento.


Como padres o pediatras vivimos día a día con niños o adolescentes, y en muchos casos solemos llamarlos hiperactivos. Sin embargo, en la mayoría de esos casos utilizamos esa palabra a la ligera, pues aunque los infantes presenten una gran energía y “anden para arriba y para abajo” no todos padecen Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH).

Pero, ¿qué es el TDAH? Este trastorno es una enfermedad prácticamente de los infantes –solo el 2.5% de adultos la tienen- y consiste en una serie de comportamientos que podrían considerarse problemáticos caracterizados por un patrón constante de pérdida de atención y/o hiperactividad. Además, se puede presentar una elevada impulsividad y agitación. Lo anterior impide que los menores aprendan y se relacionen de una manera adecuada con otras personas, tanto niños como adultos.

Aún con el hecho de que los niños con este trastorno son minoría, el porcentaje llega al 6%, lo complicado del asunto es que solo pocos casos son diagnosticados porque al ser un trastorno conductual no existe un examen o estudio que lo revele claramente y de esta manera queda a juicio de algún especialista. Esto hace sumamente complicado su tratamiento y esto a su vez complica los procesos de aprendizaje y sociales.

Aunque el TDAH es un trastorno global, en México se estima que la prevalencia de este trastorno en menos entre cuatro y 17 años es 11% más alta que en otros países. Esto puede deberse al estilo de vida de la mayoría de los mexicanos, pues es muy común que los padres trabajen muchas horas y tengan que sacrificar horas de atención a sus hijos.

Sin embargo, el motivo principal parece ser que lo heredaron de alguno de sus padres, pues existe un 70% de probabilidad de que así sea.

Aunque parezca un trastorno menor o se pueda creer que con castigos se solucionará, lo cierto es que si no se atiende debidamente a tiempo el TDAH puede derivar en trastornos psiquiátricos -como el Trastorno Disocial-, de ansiedad, afectivos, y varios más.