Estrés infantil, un monstruo real



Todos hemos sufrido de estrés, pero ¿qué hay de los pequeños?




Todos imaginamos la infancia como la etapa más feliz de la vida, y podría decirse que así debería de serlo. Como padres, es lo que deseamos para nuestros hijos y diario trabajamos para que así sea. Sin embargo, los retos de la vida actual y el ambiente escolar en el que viven los infantes, puede exponerlos a emociones negativas.

Un estudio hecho por psicólogos de la UNAM, con casi 3,000 menores de edad entre los 8 y 17 años, reporta que el 20% de estos, muestra cuadros de estrés y depresión. A nivel internacional es peor, pues las tasas a aumentan cada año.

Los motivos de estrés en los infantes varían mucho, van desde las altas demandas académicas, la necesidad de encajar en los grupos sociales, hasta las expectativas familiares o personales, etc.

Cabe mencionar que no todo el estrés es malo: en una primera etapa, el estrés nos genera adrenalina y en una fase temprana estimula la creatividad y el ingenio para resolver una situación determinada. Si se prolonga, crea una situación de inseguridad, intranquilidad y se desarrolla un estado de alerta que no permite que se desarrollen las funciones mentales superiores como la memoria, el lenguaje y el razonamiento, por lo que pasan a un plano secundario y se crea una dificultad para aprender.

Podemos identificar si nuestro pequeño o pequeña tiene episodios de estrés si presenta una o varias de estas actitudes:

- Cambios bruscos de humor, irritabilidad, tristeza, llanto o enojo.
- Dificultad para dormir, insomnio, pesadillas, sueño durante las horas de vigilia o de actividad diurna.
- Los pequeños muestran más apego con los padres, los adolescentes se alejan de ellos y presentan aislamiento.
- Bajo rendimiento escolar, baja de calificaciones repentina, dificultad para concentrarse y terminar tareas.
- Malestares físicos imaginarios o reales con origen emocional.

Es importante observar a nuestros pequeños para saber si cursan con alguna situación de estrés, escucharlos, convivir, dialogar y tratar de entender cuáles son las cosas que desatan esos episodios de estrés. Apoya a tus chicos en esta etapa, acude a un experto si es necesario, y recuerda que el mejor remedio es el amor de la familia.